A medida que subíamos hacia el cuello del cilindro, se iba haciendo de día, dejándonos ver un paisaje increíble. Ver amanecer allí arriba fue inmejorable.


Llegamos al cuello del cilindro algo después de que saliera el sol. Ahora nos tocaba decidir si hacíamos la escupidera o la cresta que llega hasta el hombro antes de la cima. Por una parte la escupidera nos daba pereza nada más verla, pero ya pudimos ver que las condiciones de nieve de la arista requerían el uso de cuerda, y siendo cuatro, con una cuerda, no lo vimos muy claro. Así que no quedaba más remedio que hacer la escuipdera.


La subida se nos hizo larga. Lo increíble es que subimos completamente solos. No vimos a nadie en todo el camino. Ya llegando al tramo final de la escupidera pudimosver a los franceses que salieron del refugio una hora después que nosotros, y a otros dos que subían desde Goriz. Así que creo que ese día fuimos los primeros en llegar a la cima. Siempre hace especial ilusión ser los primeros.


Arriba soplaba un fuerte viento, bastante frío, que poco invitaba a asentarnos en la cima, con lo que después de algunas fotos empezamos a bajar.
En la bajada ya sí que nos encontramos varias cordadas poco madrugadoras. Supongo que tuvimos suerte de que las previsiones para esos días fueran de tiempo inestable y tormentoso, con lo que mucha gente prefirió no aventurarse a venir al valle.
Sólo quedaba el rápel del final, y el penoso regreso al refugio. Estábamos destrozados. Almenos yo. Tardamos el doble de tiempo en cruzar la plana del balcón en la vuelta que en la ida.


Las mujeres, lejos de estar en el refugio preparando la comida para los hombretones, acababan de despertarse a las 10 y media de la mañana. Llegamos al refugio a eso de las 12. Creo que en global fuimos bastante lentos, tanto al subir como al bajar. Fueron 8 horas en total. Bueno, quizá 7 y media, ya que luego nos quedamos en lago haciendo un poco el tonto.
El resto del día de gastó en descansar. Rafa se fue con Lilian, Kris y Mònica a hacer una excursión por la zona. La idea inicial era ir hasta los Astazus, pero por miedo a posoibles tormentas no nos decidimos. Ya era demasiado tarde.

Por el mismo motivo, por las posibles tormentas, no nos decidimos a bajar a Gavarnie.Esa misma noche cayó una buena al parecer. Así que el domingo sólo lo dedicamos a desayunar y bajar hasta Pineta. Lo hicimos en medio de una dens niebla que nos complicó las cosas antes de entarr al embudo. Esa noche sí que había sido fría, con lo que optamos por cruzar el nevero del embudo con los crampones puestos para reducir el riesgo de caídas. Ya más abajo, en la barte baja del embudo, la niebla desapareció, permietiéndonos disfrutar del paisaje del valle. En el camino de vuelta pudimos comprobar como la lluvia de esa noche habñia desecho en gran medida los neveros de la parte baja del circo. Nos refrescamos un poco los pies en el río, parada en Bielsa a comer y cada uno para s casita.